Claudia Faena: “Reconozco el camino recorrido y tengo mi propia voz”

Arquitecta, interiorista, madre de tres, abuela de una, hermana de Alan. Claudia Faena proyecta edificios y dirige obras de interiorismo bajo el concepto de las frecuencias y las vibraciones de las palabras. Lo suyo es el diseño de concepto, el desarrollo de proyectos que agreguen valor desde la energía. Claudia vivió en Nueva York y, a pedido de su hermano, el empresario Alan Faena, se sumó a proyectar el Hotel Faena de Puerto Madero, junto al reconocido diseñador Philippe Starck. Las suites y los departamentos del complejo cuentan con su sello. Con identidad propia, y siempre acompañada por Pepo, su caniche, integra redes de mujeres profesionales con el objetivo de visibilizar el trabajo de las arquitectas en un mercado tradicionalmente masculino.

Dedicada a la arquitectura y el interiorismo desde la conjugación de la ciencia y la naturaleza, buscagenerar diseños desde los sentidos, vinculando la energía de los espacios y su efecto en la biología de las personas. “El interiorismo no es decorar, es elevar la vibración”, afirma Claudia, y destaca que avanzar en red y ser apasionada es la clave. “En el mercado hay lugar para todos, nadie te va a sacar tu lugar”.

–¿Cómo es la relación con tu hermano Alan?

–Nos llevamos bárbaro. El es el famoso de la familia y me encanta. Me da mucho placer verlo crecer y expandirse. Alan es muy genio, muy enfocado: logra los objetivos que se propone y resulta un buen espejo. Pareciera que está en el aire, pero no. Es un gran estímulo. Mi abordaje del diseño desde la frecuencia es un diferencial con el trabajo glamoroso de Alan.

–Trabajaron juntos en el proyecto del hotel y los departamentos, ¿Cómo resultó esa experiencia?

–Fue increíble, Alan armó un equipo de gente muy talentosa. Vincularme con Philippe Starck (diseñador francés a cargo del proyecto) estuvo buenísimo. Fue una aventura juntarnos, conseguir inversores. Todos ven el glamour, pero no el trabajo y hay muchas cabezas concentradísimas detrás de todo eso. Con Alan seguimos súper conectados, siempre me pasa trabajos. Ahora, por ejemplo, voy a ocuparme del rediseño de las habitaciones del hotel. Allí tuve mi oficina durante años, pero después de la pandemia me instalé en casa, Alan me insiste para volver, pero me cuesta. Reconozco algunas secuelas pandémicas.

–¿Cómo impacta su exposición puertas adentro de la familia?

–Somos 4 hermanos y cada uno recorre su propio camino. No siento que sea “la hermana de”. Reconozco el camino recorrido y tengo mi propia voz. Siempre estuvimos empapados de diseño, desde chiquitos. Nuestro papá era textil. Viajaba a Europa a traer la moda, así decían en cada viaje. En casa estuvimos rodeados de colores, texturas ligadas a la indumentaria. De chiquita iba a la fábrica textil, en el partido de San Martín, y jugaba entre los rollos de telas. De hecho, Alan creó la firma Via Vai, así empezó.

–¿Cómo te llevás con tu rol de abuela a distancia?

–¡Es muy loco! La veo crecer todos los días a través de videos y por el teléfono. Ámbar tiene un año y medio, le hablo mucho. Cuando me ve sonríe, espero que se acuerde de mí a pesar que faltan los besos y los abrazos. Pero gracias a la tecnología nos las arreglamos entre todos para seguir sus avances. Con mis dos hijos que viven en España (la menor vive acá) estamos muy conectados.

–¿Estás incursionando en el mundo del rally?

–Estoy aprendiendo. Desde que el Club Automóviles Sport empezó a incorporar mujeres entré a curiosear un poco de qué se trata. Y me parece divertidísimo. Mi rol es el de copilota, manejando los cronómetros posta a posta en rallys mixtos o de mujeres. Armé equipo para correr con Natalia Lobo (ex de Alan Faena). Llegamos con un segundo de diferencia, que me pareció poquísimo y después aprendí que es un montón. Cada centésima cuenta. Lo que más disfruto es el paisaje, el contacto con la Naturaleza. Es apasionante.

–¿En qué consiste tu abordaje del diseño desde la energía de las palabras?

–Está basado en la investigación exhaustiva de Masaru Emoto, un científico japonés que exploró los sonidos y sus transformaciones en el agua, sensible a los entornos donde se halla. Tomando esa referencia, por ejemplo, estoy trabajando en las oficinas de una start up donde utilicé la palabra prosperidad. Un mix entre ciencia y arte que confluyen en levantar la energía del lugar desde la vibración y la modulación de la palabra. Cómo la intención al decirla genera una vibración en el espacio.

Lo que hizo Emoto fue congelar botellas o frascos con distintas palabras moduladas. Y luego, comprobar a través del microscopio la diferencia de los cristales y su composición. Es muy importante, ya que el cuerpo es una tercera parte de agua, igual que el planeta. La intención cambia el lugar en que habitamos.

–¿Qué resultados tiene la aplicación de estas teorías entre los clientes?

–El trabajo desde los sentidos es muy importante, están todos fascinados con la aplicación de la neuroarquitectura. Hace 10 años me animé a pasarlo de la teoría a la práctica para generar empatía con el cliente y consolidar la percepción de distintas marcas. Son conceptos que definen la relación entre la energía del lugar y el efecto que provoca en la biología de las personas. Lo apliqué por ejemplo, en los edificios Palmera Caballito, Casa Isidro, Work and Live y el showroom de Milaires.

–¿Qué te llevó a sumarte a las redes soyarquitecta.net y Mujeres en Real Estate?

–A lo largo de mi carrera atravesé varias situaciones de invisibilización. Desde la universidad, donde no aparecían mujeres en los libros de arquitectura, hasta distintos episodios donde las mujeres quedaban en segundo plano, por ejemplo. Siempre sentí que faltaba un lugar para nosotras. Por eso cuando en 2018 Cayetana Mercé me convocó para integrar soyarquitecta.net no lo dudé. Las primeras reuniones las hacíamos en el living de casa.

–¿Cuáles son los objetivos?

–Generar referentes para las nuevas generaciones, pero también ayudar a las arquitectas a transitar el camino profesional, impulsar su participación en lugares de liderazgo y opinión. Y mapear, saber quiénes somos y qué nos pasa. Desde el año pasado somos una asociación civil sin fines de lucro. Y en Mujeres en Real Estate (MRE) también, la idea es promover nuestra presencia en el mundo inmobiliario y estar presentes en las mesas de decisiones. Queremos cambiar el rumbo sin competencias, con una mirada más colaborativa.

–¿Con qué trabas se enfrentan en el cotidiano?

–Con la inercia. En las charlas, conferencias o paneles cuesta equiparar el cupo femenino. Y no es que los arquitectos estén en contra de las arquitectas. Es que nos criamos así. Nosotras no solo hacemos proyecto y dirección de obra, hay muchísimas tareas: investigación, docencia, diseño… Por eso estamos impulsando un catálogo online para abrir espacios en mundos tradicionalmente vinculados a lo masculino.

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